Luciana le lanzó una mirada asesina, pero él se inclinó al nivel de la niña y añadió despacio:
—Así puedo cuidarla mejor, ¿entiendes?
Alba evaluó a ambos y asintió muy seria.
—Entonces cuida bien a mamá, tío.
Qué fácil fue, celebró él.
—Lo haré —prometió, besándole la frente.
—¡Quiero ver mi cuarto nuevo! —reclamó la pequeña, dando saltitos.
—Vamos —Alejandro acarició su cabeza y llamó—: ¡Elena!
—Aquí estoy, señor Guzmán —entró la empleada.
Alejandro le pasó la niña.
—Acompáñala a conocer su hab