—En Seguridad —informó Sergio—. Dijeron que esperarán a que usted decida.
—Bien.
Luciana seguía en la sala de urgencias.
—Las enfermeras dicen que no hay lesiones internas graves —explicó Sergio—. Al parecer, solo la pierna.
—¿Solo la pierna? —masculló Alejandro, contrariadísimo: Luciana detestaba el dolor.
Frunciendo el ceño, ordenó:
—Vamos a Seguridad.
—Sí.
***
—¡Suéltenme, no hice nada! —gritaba Mónica desde la sala de retención—. ¡Les digo que no la empujé! ¿Con qué derecho me detienen? ¡Déj