Mónica se quedó helada.
—¿Asco…?
—¿Te sorprende? —Luciana se encogió de hombros—. Con todo lo que hiciste —años de enemistad y tu enredo con Alejandro—, ¿esperabas un abrazo?
Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
—Si no fueras tan descarada, hace tiempo que la vida te hubiera pasado factura.
Mónica apretó los dientes; la rabia le subía al rostro, pero había venido a pedir ayuda. Tragó su orgullo:
—Tú lo tienes todo, ¿aún te aferras al pasado? Yo ya perdí… perdí todo. Tú venciste; soy la pe