Luciana levantó las cejas y sonrió.
El rostro de Alejandro se ensombreció.
—No la recibiré.
—Entendido. —Patricia se retiró, pero regresó enseguida, aún más incómoda—. Le transmití su decisión, pero aseguró que si hoy no lo ve, no se moverá de la puerta.
Luciana reprimió una carcajada silenciosa. Sigue tan insistente como siempre.
—No la veré —repitió Alejandro, masajeándose las sienes—. Si quiere aguantar, que aguante. Seguridad sabrá qué hacer.
—Sí, señor Guzmán. —Patricia respiró aliviada.
Lu