Exclamó Gabriela, bloqueando la puerta y mirándolo fijamente.
Al percatarse en ese momento de la presencia de Gabriela, Mateo se detuvo en seco. Su mirada se tornó cauta mientras saludaba con una voz contenida:
—Tía.
—¿Cómo te atreves a llamarme tía? —espetó Gabriela, incapaz de contener su indignación. Sin darle tregua, comenzó a reprenderlo: —¿Cómo puedes abandonar así a Lucía? ¿Acaso vas corriendo tras esa tal Camila, la amante tuya?
Mateo muy serio y contestó:
—Por favor, no creas en rumor