La alergia al alcohol le había provocado una picazón. Pero gracias a los cuidados constantes de Mateo, no se había lastimado la piel. Aunque no hubiera amor entre ellos y, no fuera feliz con los Rodríguez, en algunos momentos aún recibía su compasión.
Retiró su mano. A pesar de sentirse un poco melancólica, no quería que él perdiera el tiempo allí. Le dijo:
—No te preocupes, esto ya se me pasará—le dijo con una sonrisa forzada. —Los medicamentos harán efecto eventualmente. ¿No tenías que irte?