Lucía notó algo inusual. La forma casual en que Mateo había dicho esas palabras sonaba fría y algo resignada.
Quizás estaba imaginando cosas.
No podía evitar ese hábito: analizar las emociones de Mateo a través de sus palabras, preocuparse por sus estados de ánimo.
No debería inquietarse tanto.
Al entrar en la residencia de los Mesa, ya había bastante gente, unas quince personas.
Algunos vestían trajes civiles. Otros llevaban uniformes militares, todos con un porte distinguido.
Emanuel vestía un