Una innata elegancia aristocrática.
Era el tipo de nobleza que otros no podrían jamás poseer.
Karen sentía envidia; algunas personas nacían siendo ganadoras. Mientras que ella, a pesar de su rostro bonito, solo había podido trabajar como acompañante en un club nocturno.
Camila la observó a través del espejo, con una sonrisa fría en los labios:
— ¿A qué has venido?
— Ayúdame, la policía quiere arrestarme —suplicó Karen, todavía aterrada, temiendo escuchar las sirenas. Solo Camila podía salvarla a