Notando la mirada de Camila, completamente diferente a la calidez con que la trataba al principio, Karen palideció.
— ¡Me has estado utilizando! —exclamó—. Deliberadamente me dijiste esas cosas, me manipulaste para actuar y ahora te lavas las manos. La verdadera despiadada eres tú.
Comprendió que la falsa amabilidad de Camila, los regalos para el bebé, todo había sido calculado. Sus palabras habían sido pronunciadas con la intención de que Karen eliminara a Lucía por ella. Camila nunca se preocu