La llamada era de la madame del club nocturno.
Hacía tiempo que no se comunicaban, y Karen estaba ansiosa por compartir sus buenas noticias. Al contestar, exclamó alegremente:
— ¡Hola, madame! Ahora estoy de veras de maravilla. El bebé está sano, tengo una casa grande y gente que cuida y vela por nuestro bienestar. Especialmente la madre del padre de mi hijo me aprecia mucho. Sin duda mi vida seguirá mejorando.
Sin embargo, del otro lado de la línea, la voz sonaba preocupada:
— Karen, te llamo p