Entré a la habitación de mi pequeña, mi madre estaba allí con ella en brazos. Me acerqué y miré a mi hija dormida plácidamente entre sus brazos.
— ¿Cuándo voy a dejar de extrañar a Muriel? — Le pregunté a mi madre.
— Nunca. Es algo con lo que tendrás que vivir — me dijo ella mirándome a los ojos.
Yo asentí con la cabeza. Eso lo sabía muy bien; Muriel siempre estaría presente.
— Pía me comentó sobre la mujer de esta mañana. Qué mujer tan vulgar. ¿De dónde la sacaste? No la quiero en casa — me di