Apenas llegamos a casa, Muriel subió primero a la habitación, yo me quedé abajo con Vlad, él me miró mal y después negó con la cabeza.
— No quiero que me digas nada, yo sé muy bien en lo que me estoy metiendo, ahora vete — le dije.
Vlad me quedó mirando y después agachó la cabeza.
—La vas a dañar, y te vas a dañar tú — me dijo.
Camine hacia él y pegué mi frente en la suya.
— Voy a estar bien, y ella también lo estará, tal vez sea feliz, ¿no lo crees?— le pregunté.
Vlad me abrazó fuertemente, el