Carolina estaba abrazando a Valentino con fuerza; ese pequeño demonio me estaba sonriendo, y su mamá preocupándose por él. Yo le guiñé un ojo y él sonrió mucho más ampliamente. Jacob me pasó dos pistolas; yo le entregué una a Carolina y me quedé con la otra.
— ¿Y a mí no me van a dar una? — preguntó el demonio. Carolina le dio un golpe al pequeño y este me miró con rabia.
— Cuando cumplas 6 te enseño a usar una — le prometí.
Él sonrió, y Carolina me miró con mala cara.
— No le enseñarás nad