Miré a Silvio, que tenía mala cara; era obvio que la negociación no había salido como él quería.
— ¿En qué quedó el trato con los rusos? — preguntó uno de los socios. Yo miré a Silvio; él me había insistido en querer tratar con Mikhail, así que lo dejé.
— Estoy en conversaciones con él — respondió Silvio. Yo ya había hablado con Mikhail, y de petardo no bajó a Silvio.
— Pues apresúrate, la mercancía ya necesita ser transportada — le dijo.
Él asintió, y yo me reí un poco. Mikhail jamás dejar