35

Subí a la habitación, y Carolina estaba despierta. Apenas me vio entrar, se arrinconó en la cabecera de la cama. Ella me miró desde allí, sus grandes ojos estaban brillantes por las lágrimas. Odiaba verla de esa manera.

— No tengas miedo, he reforzado la seguridad. Nadie podrá entrar o salir de aquí — le aseguré.

Ella me miró con terror y empezó a llorar mucho más fuerte.

— Tengo miedo — me dijo.

Yo le sonreí un poco, quería que se tranquilizara.

— No lo tengas, cariño. Sé que esto fue traumáti
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