31

El día estaba precioso, el sol estaba en lo más alto, el cielo estaba completamente azul; era casi perfecto, todo se veía tan irreal.

— ¿El día está precioso, no? — preguntó alguien a mis espaldas.

Yo me di la vuelta y le sonreí a Stephano. Él hoy se veía tan bien, era como un ángel.

— Está como para ir a la playa. Hace tanto que no voy, me hace mucha falta — le dije.

Él sonrió y me tendió la mano.

— Tenemos una entrega cerca a la playa. Si quieres, me puedes acompañar — me propuso.

Yo no lo d
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