El día estaba precioso, el sol estaba en lo más alto, el cielo estaba completamente azul; era casi perfecto, todo se veía tan irreal.
— ¿El día está precioso, no? — preguntó alguien a mis espaldas.
Yo me di la vuelta y le sonreí a Stephano. Él hoy se veía tan bien, era como un ángel.
— Está como para ir a la playa. Hace tanto que no voy, me hace mucha falta — le dije.
Él sonrió y me tendió la mano.
— Tenemos una entrega cerca a la playa. Si quieres, me puedes acompañar — me propuso.
Yo no lo d