20

Cuando llegamos a la casa de Lorenzo, fuimos llevados a una habitación. Allí estaba Silvio, amarrado en una silla, vuelto mierda, ni siquiera estaba consciente. Mariano trató de acercarse a él, pero yo lo detuve. No quería otro problema más.

Lorenzo llegó, me miró y luego a Mariano.

— ¿Viniste a buscar a este infeliz? ¿Cómo quieres llevártelo? — preguntó.

Me acerqué a una silla que estaba cerca, me senté, prendí un cigarrillo y le di una calada profunda.

— Sería muy pendejo de tu parte comenzar
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