Cuando llegamos a la casa de Lorenzo, fuimos llevados a una habitación. Allí estaba Silvio, amarrado en una silla, vuelto mierda, ni siquiera estaba consciente. Mariano trató de acercarse a él, pero yo lo detuve. No quería otro problema más.
Lorenzo llegó, me miró y luego a Mariano.
— ¿Viniste a buscar a este infeliz? ¿Cómo quieres llevártelo? — preguntó.
Me acerqué a una silla que estaba cerca, me senté, prendí un cigarrillo y le di una calada profunda.
— Sería muy pendejo de tu parte comenzar