Capítulo 36. Prioridad Única
—A partir de este instante, la seguridad de la señora Elara es la ley suprema en esta casa, por encima de las instrucciones de cualquier otra persona.
La voz barítona de Alejandro retumbó en el vestíbulo principal de la mansión, rebotando contra los fríos pilares de mármol. Diez mayordomos y el jefe de seguridad permanecían rígidos, con la espalda erguida, sin atreverse siquiera a respirar con fuerza. Alejandro estaba de pie en la cima de la escalera, con una mano rodeando la cintura de Elara