Roberto Solís llamó exactamente cuarenta y ocho horas después de la gala, como Sebastián había predicho.
Ximena estaba sola en el apartamento cuando llegó la llamada. Sebastián había salido a una reunión que llevaría varias horas, y la asistente ejecutiva de él, Elena, se había ido temprano por un compromiso familiar. Era el tipo de circunstancia que podría interpretarse como coincidencia o como una ventana de oportunidad calculada, y Ximena ya no descartaba ninguna de las dos posibilidades cuan