El teléfono de Sebastián era un modelo que costaba más que el salario mensual de la mayoría de las personas que Ximena conocía, con una pantalla que se activaba automáticamente cuando alguien lo levantaba. Esto lo supo de manera involuntaria tres días después de la gala, cuando Sebastián lo dejó sobre la mesa de la cocina mientras atendía una llamada en el estudio y ella fue a buscar el cargador que él le había prestado.
No buscaba nada. No tenía intención de mirar nada.
Pero la pantalla se acti