Beatriz Solís llamó cuatro días después de la reunión con Roberto, a las nueve de la mañana de un sábado, cuando Ximena estaba leyendo en la terraza del apartamento con el primer café del día.
—Tu padre me contó que estás con Sebastián Alcázar —dijo Beatriz sin preámbulo, lo cual era inusual. Beatriz normalmente construía conversaciones difíciles con capas de cortesía social que la aislaban de llegar demasiado rápido al punto.
—Sí —respondió Ximena.
—¿Sabes quién es?
—Sé quién es.
—¿Sabes lo que