La residencia Solís en Lomas de Chapultepec brillaba bajo las luces exteriores como una joya exhibida en un escaparate—hermosa, cara, y completamente vacía por dentro. Ximena observó la fachada de cantera y hierro forjado desde el asiento del pasajero del Mercedes de Sebastián, sintiendo cómo su estómago se retorcía con cada segundo que pasaba.
—Aún podemos irnos —dijo Sebastián, su voz tranquila pero con un matiz de algo que podría haber sido preocupación si ella no supiera que cada palabra que