El viento nocturno acariciaba el rostro de Cassandra mientras contemplaba las luces de Madrid desde el balcón de su habitación. Las palabras de Danaé resonaban en su mente como ecos venenosos que se negaban a desvanecerse: «Todo lo que crees que controlas es una ilusión», «solo eres un peón en su tablero», «pequeña sustituta de segunda categoría». Cada frase se había incrustado en su corazón como astillas de cristal, cortando más profundo con cada recuerdo.
Los documentos y fotografías que su