El médico, un hombre de mediana edad con cabello canoso y una expresión grave, condujo a Zaelith hacia una sala de examen privada, lejos de la mirada ansiosa de Vaelior. Y ella sonrió al notar cómo su imagen de fragilidad había conseguido garantizar un trato especial. Cuando llegaron, la puerta se cerró detrás de ellos, aislándolos en un espacio pequeño y clínico.
—Bien, ¿puedes decirme qué es lo que te duele? —preguntó el doctor, sacando una linterna de su bolsillo y preparándose para examina