Calantha salió de su habitación, ya vestida con un elegante vestido negro. Se encontró con Denver justo fuera de su puerta, pero él no le dijo nada. En cambio, empezó a caminar, dejándola seguirlo.
Calantha resopló, sintiendo una punzada de frustración. Se apresuró a seguir a Denver, con el taconeo de sus zapatos de tacón resonando en el suelo de mármol. Llegaron al garaje y Denver se sentó en el asiento del conductor. Calantha entró en el asiento trasero.
—¿A dónde? —preguntó Denver con tono n