El sonido de los sollozos de Rosa resonaba por toda la habitación y los ojos de Dominic se entrecerraron.
—Taac —se oyó de nuevo el golpe, y finalmente se detuvo, con el pecho agitado por el esfuerzo. Rosa se sentó en el suelo, mirándolo con lágrimas corriendo por su rostro.
La expresión de Dominic se suavizó ligeramente, pero su voz permaneció firme.
—¿Crees que eres libre aquí? Si saben que eres mi esposa, esta gente te convertirá en objetivo. Pero ¿alguna vez vas a escuchar? No salgas de la