**Castillo Russo**
Gabriel entró en el despacho de su padre. La puerta crujió suavemente al empujarla. Russo levantó la vista de los papeles que estaba revisando, con una leve sonrisa en el rostro.
—Ah, Gabriel. Justo a tiempo —dijo Russo con voz baja y suave.
Gabriel se acercó al escritorio de su padre, recorriendo la habitación con la mirada. El despacho estaba tenuemente iluminado, y el único sonido era el suave zumbido del ordenador.
—¿Por qué me llamaste de repente para que volviera a casa