34: Entre la espada y la pared.
Después de un día de reposo en el hospital, o si a eso se le podía llamar reposo, regresé a casa junto a Noah. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos. Quería que se marchara de nuevo, que me dejara tranquila el resto del embarazo, pero ahora que estaba aquí, todo se había ido al demonio.
Al entrar a la casa, lo vi. El padre de Valentino estaba allí, imponente, con su sola presencia llenando cada rincón de la sala. Primero me miró a mí, después a Noah. Sus ojos, de un rojo intenso como brasas enc