Adams la abrazó con más fuerza.
—Linda... yo te juro por mi hija que hice todo lo posible para no tocarte. Te tapé hasta el cuello y estuve casi treinta minutos bajo la ducha fría, haciéndome …, bueno, imagínatelo —La risa de Glenda le respondió, rompiendo la tensión por un momento.
—Luego, salí y me acosté de espaldas a ti. Ya estabas dormida, y pensé que no te ibas a despertar... Gran error, porque te despertaste unas dos horas después y eras puro fuego, amor. Y yo... yo sólo necesité que me