—Buenos días, dormilona. Despierta. -Adams besó suavemente la mejilla de Glenda.
—Hola, cariño. Buenos días.
—Glen, ¿qué haremos hoy? ¿Médico o boda? —preguntó Adams con una sonrisa divertida.
Glenda lo miró con incredulidad, sintiendo que sus ojos casi se le salían de las órbitas.
—Ven, cariño, acércate más. -Ella frunció el ceño y le tocó la frente para comprobar su temperatura.
—No tienes fiebre... Entonces. ¿Por qué estás desvariando? No entiendo. ¿Te golpeaste la cabeza?
Adams la observó