Alejandro no esperaba a nadie esa noche. La granja se había quedado en silencio, ese tipo de silencio que presionaba contra los oídos y hacía que cada sonido se sintiera más nítido. Estaba sentado en el borde de su cama, medio vestido, mirando a la nada, con los pensamientos convertidos en un borrón de lo que había sucedido esa mañana.
Un suave golpe rompió el silencio.
Se tensó. El golpe llegó de nuevo, más lento esta vez, casi deliberado. Alejandro se levantó con cautela y se acercó a la puer