El sol de Jalisco se elevó alto la mañana siguiente, convirtiendo el rancho en una extensión reluciente de oro y verde. Alejandro estaba de pie al borde del pasto oriental, con una bota apoyada en el riel inferior de la cerca, observando a un par de vaqueros trabajar con un joven potro.
El animal corcovea y se retorcía, poniendo a prueba la paciencia de su manejador, reflejaba la guerra interna que rugía en el mundo de Alejandro, sobre todo lo dejaba drenado y ansioso, muy parecido a las fuerza