Encuentros.
Boca abajo en una camilla de masaje, esos glúteos perfectos son inconfundibles. Hasta recuerdo la primera vez que los vi enfundados en una sunga; fue en Brasil, cuando yo estaba de vacaciones. Sebas es un hombre guapo, debe ser por eso que me llamó tanto la atención aquella tarde. Incluso llegué a creer que era brasileño y preparé mi mejor portugués, sin saber que hablaba todos los típicos modismos chilenos.
Me sonrojo al verlo levantarse de la camilla y quedar de pie frente a mí, tal cual Dios