Un orgasmo con otro nombre.
Después de los trajes de baño, pasamos a los vestidos. Hay colores fascinantes, tal como me había imaginado: telas livianas que se mueven con el aire, cortes que sugieren más de lo que muestran y estampados que parecen hechos para días interminables de sol. Por un momento me veo caminando por la playa, quizás tomada de la mano con Carlos… puede ser. Es el sueño que tengo.
Sacudo la cabeza apenas aparece ese pensamiento.
No quiero mezclarlo todo, ni dejar que nada lo arruine.
Sigo recorriendo lo