Día de spa.

Miro a mi amiga, suplicante, intentando cambiar el tema. Tati se queda callada y, de repente, se pone a reír. Creo que recuerda que me caí en la calle por culpa de ese francés.

—¡Uy, me acordé de algo! ¿Recuerdas a Héctor?

Ah, era eso.

—¿Héctor? ¿El militar? ¿El venezolano? ¿El que me contaste que su pene mide veinticuatro centímetros? ¿Ese?

—El mismo… Por cierto, ¿no tienes hambre?

—¡Ay, no! Estamos hablando del miembro de tu ex y me preguntas si tengo hambre.

—Yo comí mucho ahí —bromea Tati,
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