Mi socio.
Bajo en el ascensor del hotel y, casi por reflejo, me miro en el espejo que cubre una de las paredes.
No puedo evitar sonreír.
Me veo hermosa.
No creo que esté mal que una mujer se dé halagos de vez en cuando, y en este caso sería absurdo negarlo. El vestido se ajusta perfectamente a mi cuerpo, marcando lo justo y necesario. Elegante... pero también sensual.
Inclino apenas la cabeza hacia un lado, observándome con atención, como si fuera otra persona la que estuviera frente a mí.
—Es solo una c