Emma
Observé como su labio tembló, apretó sus manos contra su pantalón. Sus ojos se apretaron y peleó por llorar, como en cada una de las oportunidades en las que sus sentimientos ganaban.
— Tú no hijo, solo él y yo —me incliné para acariciar su cabello —, no dejaré que te veas involucrado en esto.
Seguí acariciando su cabello intentando calmar sus demonios tanto como me fuera posible.
— Mamá eso no va a pasar —una lágrima cayó por su mejilla —¿O me vas a decir que no te dijo lo de llevarme con