Suéltala
Emma

El tono de voz me fue desconocido al principio, y tuve que girar el rostro, para buscar con la mirada al portador de esa amenaza que me hizo erizar la piel.

Theo parecía un volcán a punto de hacer erupción: sus ojos grises eran fríos como el hielo, su mandíbula tensa, y las venas en su rostro y cuello se marcaban con fuerza. Su pecho subía y bajaba con pesadez, y sus fosas nasales estaban dilatadas.

— ¿O si no, qué? —respondió Nicolás con desafío.

— Pediré que te arresten —la abogada de Nic
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