Emma
Mi vista se nubló, la desesperación creció y dejé escapar un sollozo.
— No llores —su otra mano fue a mi rostro —, no llores, por favor —solté otro sollozo —, yo no dejaré que les pase nada —su mano acaricia mi mejilla.
— Él me lo va a quitar, quiere…
Mi mano tembló, el pánico aumentó.
— Escúchame, Emma, nadie te quitará a Oliver, no lo permitiré —sus manos tomaron mis mejillas —. Además, está la grabación de la oficina, nadie te quitará a Oli, pero tienes que hacer la denuncia y dejar ase