Emma
Mis pies se mueven directo a Margo, sus labios se curvan y una sonrisa grande aparece en ellos. Abro mis brazos antes de llegar a ella y la envuelvo con estos.
— Gracias, gracias, gracias —su risa llega.
— Nada de eso, quiero un postre.
Mis ojos dieron con los celestes de Margo era bellísima, su aura siempre te dejaba en un lugar cálido y agradable.
— Comprendido, tendrás tu postre —sonrió y observó por encima de mi hombro.
— Wow, ¿ese es tu jefe? —afirmé.
— Sí, el señor Theo Ham