Cuatro días después de la fiesta maldita. Llueve fuerte. Una lluvia gruesa, constante, que golpea el parabrisas como dedos impacientes. Conduces despacio, los limpiaparabrisas trabajando en un ritmo hipnótico, los faros cortando el agua que corre por las calles. El cielo está gris plomizo desde temprano. Casi cancelaste. Casi. Pero tu cuerpo todavía recuerda: el latido entre las piernas, la vergüenza que no se te quita de la piel, el nombre que se te escapó de la boca mientras otro hombre te fo