Bruna baja de la camilla despacio, con las piernas temblorosas. Su coño está rojo, hinchado, brillando de saliva y semen. Se acerca a ustedes dos, se arrodilla de nuevo, pero esta vez al lado de Rafael. Sus ojos azules te miran con un hambre enfermiza.
— Doctor… ¿me deja limpiarla para usted? —pregunta, lamiéndose los labios.
Rafael suelta una risa baja y saca la verga de dentro de ti con un chasquido húmedo. Sientes el vacío inmediato, el coño latiendo, abierto, chorreando.
— Adelante. Pero co