La mañana del día diez, Elena recibió el acta notarial que Adrián le había enviado, junto con dos fotografías del convenio de divorcio firmado y con su huella dactilar.
Adrián: “¿Satisfecha?”
Elena asintió, complacida. Aquella caligrafía elegante era, sin duda, la de él.
Aunque contaba con un documento notarial como respaldo, sabía perfectamente que, si Adrián decidía retractarse o jugar sucio, ella jamás podría competir con los recursos que tenía a su disposición.
Sin embargo...
No creía que fu