Al ver que Adrián permanecía en absoluto silencio, Hugo perdió las ganas de seguir y se limitó a dejarle una última advertencia:
—Hagas lo que hagas, no quiero ver un divorcio. En la familia Vega no permitimos esa clase de vergüenzas.
Tal como había ocurrido con su madre en aquel entonces.
Adrián lanzó a su padre una mirada cargada de malestar y, sin decir una palabra, se dirigió hacia la salida.
Al verlo marcharse, Julio hizo una leve inclinación y se apresuró a seguirlo fuera de la residencia.