Cuando Adrián se acercó a la tumba de su madre sosteniendo el paraguas, distinguió una figura al pie de la lápida.
Era Santina.
Murmuraba en voz baja, casi para sí misma, con las palabras entrecortadas por el llanto.
Adrián no esperaba que Santina recordara el cumpleaños de su madre y mucho menos que hubiera llegado antes que él.
Al acercarse, alcanzó a escuchar con claridad lo que decía:
—Adrián ha bajado mucho de peso últimamente. Está tan ocupado con el trabajo que casi nunca come a sus horas