Elena curvó los labios en una sonrisa.
—No pasa nada. Lo peor ya quedó atrás.
Ya tenía en sus manos el convenio de divorcio y Casa Aurelia comenzaba a levantar cabeza.
Todo iba a mejorar.
Sí.
Todo tenía que mejorar.
Cuando salieron del hospital, ya había anochecido.
El viento de abril todavía traía consigo un frío penetrante. Julián se quitó el saco y se lo colocó sobre los hombros.
La tela aún conservaba el calor de su cuerpo y aquel tenue aroma amaderado que siempre parecía acompañarlo.
Antes