Aysun permaneció varios minutos inmóvil después de que Serhan la dejó sola, escuchando cómo el eco de sus pasos se perdía por el pasillo. No estaba nerviosa, no lo suficiente como para sentir que ese encuentro con su suegra la intimidara. Más bien, le parecía absurdo.
Aquella boda, su “matrimonio”, no era más que un acuerdo forzado, un teatro para salvar honores y apariencias. Y ahora, Serhan quería arrastrarla a otra representación: presentarla ante su madre, como si fueran una pareja verdader