Capítulo 40: Farsa.

La mujer fue poseída por el repentino y casi incontrolable deseo de huir del auto cuando lo escuchó decir aquello; el aire la abandonó por minutos interminables, su pecho se apretó, un temblor dominó cada una de sus extremidades, su saliva se transformó en su propia enemiga, asfixiándola.

Una trémula respiración se desprendió de sus labios.

—Y-yo… Maximiliano…

El hombre cerró sus ojos, como si se encontrara igual de inquieto que ella; no tenía demasiados talentos con las mujeres, de hecho, su d
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