EPILOGO.
La vida, le había regalado una oportunidad en forma de contrato, una que había estado a pocos instantes de descartar para siempre. Irónicamente, había sido su enloquecida decisión la que la había salvado de perder a aquel maravilloso hombre que le dedicaba picaronas miradas en el comedor.
Ella comprimió una sonrisa, se suponía que no debía hacer aquello cuando su madre y Dylan se encontraban allí, aunque solo ellos podían entender su juego de miradas.
Amelia elevó una cuchara hacia los labios d