Capítulo 45: Florecer.
Maximiliano detuvo su auto, ganándose la mirada de Amelia, habían sido más de dos horas de viaje. Aquel lugar parecía encontrarse en el fin del mundo.
—Hemos llegado.
Ambos se apearon del auto, caminando hacia el sitio en el que Maximiliano se había construido a sí mismo.
—Descubrí este sitio cuando tenía unos diez años —contó—. No me he olvidado de él jamás. —El hombre sujetó a Amelia por el brazo con suavidad, ayudándole a entrar hacia aquel lugar, que parecía una mezcla entre un parque y una