Nos despedimos cordialmente, con sonrisas en nuestros rostros, pero ni siquiera el alcohol nos ayudo a crear la ilusión de que había romance en la atmósfera entre nosotros.
Esa noche no pude dormir más de unos cuantos minutos de manera consecutiva.
No quería pensar en las implicaciones de que las fotografías de Leo afectaran más mi pulso cardiaco que mi primer amor abrazándome al despedirse después de nuestra primera cita, pero la vocesita en mi cabeza no dejaba de molestar, insinuando que ha